MEDICINA - Volumen 59 - Nº 3, 1999
MEDICINA (Buenos Aires) 1999; 59:311-317

       
     

       
     

CARTAS AL COMITE DE REDACCION

Prevención del cáncer de mama según referencia de las pacientes

Raúl M. Mejía, María M. Recondo, Andrea Ross, Enrique Casal
Departamento de Medicina, Hospital de Clínicas, José de San Martín, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires

En Argentina el cáncer de mama es la primera causa de defunción por neoplasias, con una tasa de mortalidad de 52/100.000 mujeres entre 35 y 64 años. Esta frecuencia es más elevada en las provincias de mayor desarrollo socioeconómico1. La mamografía es una práctica de utilidad para la prevención del cáncer de mama. Pese a las recomendaciones existentes2, menos de la mitad de las mujeres realiza mamografías en forma regular3. El objetivo de la presente investigación es analizar la frecuencia de utilización de mamografías en un ámbito de Atención Primaria y la participación de las diferentes especialidades en la dirección de estas medidas preventivas. La población procede de tres centros de consulta externa de la ciudad de Buenos Aires que representan grupos socioeconómicos distintos accesibles a los investigadores. A las mujeres mayores de 40 años se las invitó, en la sala de espera, a completar una encuesta autoadministrada.
Grupo 1: Muestra consecutiva de 337 mujeres, clase social media o media/baja, atendidas en los consultorios del Programa de Medicina Interna General del Hospital de Clínicas José de San Martín, desde el 15/10/96 hasta el 31/10/96.
Grupo 2: Muestra de 123 mujeres, en la mayoría con ingresos que se hallan por debajo del nivel de pobreza, atendidas en los consultorios del Centro de Salud N° 24, dependiente del Hospital P. Piñero entre el 1/11/96 y el 23/12/96.
Grupo 3: Muestra conveniente de 210 mujeres, pertenecientes a un nivel socioeconómico medio o medio/alto, atendidas en un consultorio de la «zona céntrica» de Buenos Aires, entre el 1/2/97 y el 31/4/97. Se excluyeron mujeres con antecedentes de cáncer de mama. La tasa de participación fue del 64, 50 y 72% en cada uno de los centros. Fue un estudio multicéntrico de corte transversal, basado en una encuesta anónima autoadministrada. Esta encuesta fue desarrollada y utilizada previamente por los autores4. Está integrada por 5 preguntas de opción múltiple. Se estudiaron las siguientes variables: Nivel educacional (NE), número de mamografías realizadas en los últimos 5 años y especialidad del médico solicitante, reconocida por la paciente, encargado del cuidado de sus mamas.
Se encuestaron 688 mujeres. Al efectuar análisis estadísticos preliminares se comprobó que el nivel educativo resultaba un predictor más fuerte que el sitio o lugar de tratamiento. Por este motivo los resultados observados se expresan en categorías de acuerdo con el nivel de educación alcanzado. El 48.7%, 30.3% y 21% tenían un nivel educativo elemental, medio y terciario respectivamente. El 63.2% de las mujeres con NE primario, el 39.1% de las de NE secundario y el 11.3% de las de NE terciario no habían realizado una mamografía en los últimos 5 años. Los ginecólogos son reconocidos con una frecuencia del 70.8% entre las de menor NE y en un 91.5% entre las más educadas. Globalmente, en un promedio de 80.8%. Los internistas, por otra parte, son reconocidos en un 29.2% en el primer grupo y estas cifras bajan a un 15.4 y 8.5% en el nivel secundario y terciario. Globalmente, en un promedio del 19.2%.
Se analizó, por último, la relación existente entre el número de mamografías realizadas en los últimos cinco años, el nivel educativo alcanzado y la especialidad del médico reconocido por las pacientes como el encargado de la prevención del cáncer de mama (Tabla I). En las mujeres que reconocen al ginecólogo la frecuencia (media) global de mamografías fue 1.74 en cinco años mientras que en las que reconocen al internista fue 0.60, esta diferencia fue estadísticamente significativa.
En las condiciones clínicas estudiadas parece confirmarse la hipótesis de una utilización insuficiente de la mamografía ya que el 45% de las mujeres encuestadas no han efectuado ninguna en los últimos 5 años. Resulta especialmente alarmante que entre las mujeres que poseen sólo educación primaria esta cifra llegue al 63%. Existe una clara relación entre la especialidad del médico reconocido por las pacientes como el encargado de la prevención del cáncer de mama y el número de mamografías realizadas. Los clínicos internistas son reconocidos sólo por una pequeña proporción de las mujeres como responsables de la prevención del cáncer de mama.
Sería recomendable, de confirmarse estos hallazgos en otros ámbitos, facilitar el acceso de las mujeres a la mamografía, y estimular la creación de programas de entrenamiento, dirigidos a los médicos clínicos, en estos y otros aspectos concernientes a la salud de las mujeres5, 6.

Bibliografía

1. Organización Panamericana de la Salud. Estadísticas de Salud de las Américas, Publicación científica N° 556, Washington D.C. 1995.
2. U.S. Preventive Services Tasks Force. Guide to Clinical Preventive services, 2nd ed Alexandria, Virginia: Interna-tional Medical Publishing; 1996; 73-87.
3. The Commonwealth Fund Comission on Women’s Health. Prevention and Women’s Health: a Shared Responsibility. In: Prevention and Women’s Health: a Shared Respon-sability. New York, 1993: 4-11.
4. Mejía R, Pecsi L, Recondo M, Bondulich C, Sánchez Cabezas A, Casal E. Breast cancer prevention as referred by patients (Abstract). J Gen Int Med 1997, 12 (suppl 1): 128.
5. Association of Professors of Medicine. What internists need to know: Core competencies in women’s health. Am J Med 1997; 102: 507-12.
6. National Academy on Women’s Health Education (NAWHME). Women’s Health in the Curriculum. A Resource Guide for Faculty. Ed. NAWHIME, Philadelphia; 1996.

TABLA 1.– Relación entre el número de mamografías realizadas en los últimos cinco años, el nivel educativo y la especialidad del médico

Especialidad* Educación Media Desvío n
estándar

Ninguna= Total 0.1136 0.4729 132
F = 0.179 7° grado 0.1078 0.5056 102
p = 0.8422 Secundario 0.1154 0.3258 26
Terciario 0.2500 0.500 4
Ginecólogo Total 1.7376 1.4387 404
F = 24.0683 7° grado 1.2238 1.2695 143
p = 0.0000 Secundario 1.7063 1.4332 143
Terciario 2.3983 1.3845 118
Internista Total 0.6042 0.8763 96
F = 3.8689 7° grado 0.4237 0.7475 59
p = 0.0243 Secundario 0.8077 1.0590 26
Terciario 1.0909 0.8312 11

* La especialidad del médico reconocido por las pacientes como responsable habitual del cuidado de sus mamas
= Las mujeres encuestadas no reconocen especialidad encargada del cuidado de las mamas

 


¿Existe una asociación entre el virus C de la hepatitis y la diabetes?

Carlos Wolff, Silvana Muñoz, Verónica Raddatz
Unidades de Hepatología y Diabetes. Departamento de Medicina Occidente, Universidad de Chile, Hospital San Juan de Dios. Santiago, Chile

Está bien establecido que la prevalencia de diabetes tipo 2 (DM2) en los pacientes con enfermedad hepática crónica es más alta que en la población general, mayor si la hepatopatía está asociada a virus B de la hepatitis (VBH)1 y aún más elevada si es secundaria a virus C de la hepatitis (VCH)1, 2. Algunos autores han propuesto que la diabetes en estos pacientes se debería al daño hepático, en especial a la cirrosis, y que la prevalencia de DM2 se correlacionaría con la intensidad de la enfermedad hepática2, existiendo el doble de riesgo de diabetes cuando la hepatopatía está asociada a VCH que cuando lo es a alcohol o VBH3. Por otra parte, otros estudios han demostrado una prevalencia entre 4%1 y 11,5%4 de anti-VCH en DM2, siendo la prevalencia en la población general 0,81 y 2,5%4, respectivamente. Esta asociación con el VCH sería significativamente mayor en los pacientes diabéticos con aminotransferasas (Alanino ALAT, Aspartato ASAT) elevadas5. De confirmarse la asociación de infección por VCH con DM2, permitiría proponer que esta última podría ser, al igual que la crioglobulinemia mixta esencial6, la porfiria cutánea tarda6 y otras, una manifestación extrahepática de la infección por VCH.
Con el objeto de verificar la proposición de mayor prevalencia de infección por VCH en pacientes con diabetes que en la población general en nuestro país, donde la infección por este virus es infrecuente, estudiamos un grupo de pacientes portadores de Diabetes Mellitus, tomados en forma aleatoria secuencial de entre aquellos que se encuentran en control en la Unidad de Diabetes del Hospital San Juan de Dios, quienes entregaron su consentimiento informado por escrito para participar en esta investigación. Cada paciente fue interrogado en forma directa y, además, revisada su ficha clínica hospitalaria, a objeto de identificar los posibles factores de riesgo de infección por VCH. Veintisiete individuos eran DM1, 7 varones y 20 mujeres (Edad X- = 44,8 años) y 182 DM2, 47 varones y 135 mujeres (Edad X- = 65,2 años). Se estudió la presencia sérica del anti VCH mediante técnica ELISA (Abbott, 2° generación). Los casos ELISA positivos se confirmaron con la técnica complementaria Liatek. La actividad sérica de ALAT, ASAT y de la gama glutamil transpeptidasa (GGT) se evaluaron por procedimientos habituales. Se excluyeron todos aquellos sujetos con antecedentes de etilismo, drogadicción, uso de corti-coides y enfermedades hepáticas de etiología no viral. El tamaño de la muestra estudiada se calculó considerando que la prevalencia de infección por virus C de la Hepatitis fuera 20 veces la de la población general, esto es sobre 5%, con un nivel de confianza de 0,05 y una potencia de 80%8.
En la búsqueda anamnéstica de factores de riesgo de infección por VCH, 20 (74%) DM1 y 127 (70%) DM2 tenían el antecedente de operaciones y/o transfusiones.
Ningún caso resultó ser portador de anti VCH, lo que indica que la prevalencia de infección por VCH, en todo caso, es inferior a 0,55%. Esa tasa es similar (p > 0,05) a la observada en donantes de sangre en nuestro país. Dos pacientes con aminotransferasas normales presentaron ELISA positivo para anti VCH, situación que no se confirmó con la prueba Liatek. Cinco (18,5%) enfermos DM1 y 27 (14,8%) DM2 presentaron, al momento del estudio, aminotransferasas superiores a 3 veces lo normal, en tanto que 2 (7,4%) DM1 y 8 (4,4%) DM2 presentaron GGT sobre ese criterio; no obstante, todos fueron negativos para anti VCH. La diferencia con lo encontrado por otros autores, podría explicarse por lo seleccionado de la muestra, ya que excluimos los enfermos alcohólicos, drogadictos y aquellos con antecedentes de enfermedad hepática no viral. Trabajos previos que encontraron esta asociación, no consideraron la posible condición de alcohólicos de los pacientes estudiados. En este trabajo, un alto porcentaje de pacientes (74% de los DM1 y 70% de los DM2) presentó el antecedente de operaciones y transfusiones sanguíneas; no obstante, todos fueron negativos para anti VCH.
Los trabajos que encuentran alta prevalencia de anti VCH en pacientes diabéticos no informan si los resultados fueron sometidos a confirmación. Nosotros encontramos 2 muestras ELISA (+) que no se confirmaron con la prueba Liateck.
Nuestros resultados permiten descartar una asociación entre infección por virus C de la hepatitis y Diabetes y por lo tanto que esta enfermedad metábolica fuera una manifestación extra hepática de esa infección viral.

Bibliografía

1. Mason AL, Lau JYN, Oian KP, Hoang N, Baudy DL, Jones WE, Regenstein FG, Perillo RP. Association of diabetes mellitus with chronic hepatitis C virus (HCV) infection. Hepatology 1995; 22: 977A.
2. Günsar F, Akarca US, Ersöz G, Topalak Ö, Tüzün M, Batur Y, Ege U. Diabetes Mellitus, insulin resistance and hypocatabolism in chronic HCV infection. Hepatology 1996, 24: 518 A.
3. Mangia A, Schiavone G, Cascavilla, I, Martini E, Conoscitore P, Andriulli A. Is HCV directly involved in the onset of diabetes mellitus in patients with chronic liver disease? Hepatology 1996; 24: 1012A.
4. Simo R, Hernández C, Genesca J, Jardi R, Mesa J. High prevalence of hepatitis C virus infection in diabetic patients. Diabetes care 1996; 19: 998-1000.
5. Gray H, Wreghitt T, Stratton IM, Alexander GL, Turner RC; O’Rahilly S. High prevalence of hepatitis C infection in Afro-Caribbean patients with type 2 diabetes and abnormal liver function tests. Diabet Med mar 1995; 12: 244-9.
6. Agnelo V. Hepatitis C virus infection and type II crioglo-bulinemia: An immunological perspective. Hepatology 1997, 26. 1375-9.
7. Wolff C, Armas R, Puig A, Krause P, Parraguez A. Hepatitis C virus infection in patients with porphyria. Rev Med Chile 1994; 122: 294-8.
8. Lwanga SK, Lemeshow S. Sample size determination in health studies. A practical manual. World Health Orga-nization, Geneva. 1991.

 

Ni Babinsky ni Babinski: ¡Babinski!

Fernando A. Navarro
Servicio de Traducción Médica (PSBD-Ü). F. Hoffmann-La Roche SA, Basilea, Suiza

Acabo de leer la carta de Orden1 y comparto la preocupación de este autor ante el hecho de que cada vez sean más los médicos que, en todo el mundo, escriben incorrectamente “Babinsky”. La escritura a la inglesa de los apellidos extranjeros es un problema que me interesa desde hace tiempo, y que he comentado ya en otro lugar2. Considero útil repetir ahora algunas de las ideas expresadas entonces.
A la hora de enfrentarse a un nombre propio de persona en un texto inglés, el traductor aficionado se las promete muy felices, puesto que, como todo el mundo admite, no es necesario traducir los nombres propios al cambiar de idioma. La realidad es, sin embargo, bien distinta, pues sólo los nombres extranjeros escritos con el alfabeto latino conservan su grafía original. Se olvida con frecuencia que los apellidos escritos en caracteres chinos, cirílicos, griegos, árabes y hebreos deben transcribirse al alfabeto latino y adaptarse fonéticamente a cada idioma. Esta norma es de especial importancia en relación con los apellidos rusos, pues Rusia ha sido en los últimos doscientos años una potencia científico-médica de primer orden. Dado que la mayoría de los grandes científicos rusos se dieron a conocer en el resto del mundo a través de sus publicaciones en inglés, alemán o francés, es frecuente hallar en los textos españoles e hispanoamericanos, de forma incorrecta, la transliteración de sus apellidos al inglés («Pavlov», en lugar de Pávlov), al alemán («Bechterew», en lugar de Bejtériev), o al francés («Metchnikoff», en lugar de Méchnikov). En el caso que nos ocupa, aunque el idioma polaco utilice el alfabeto latino, es muy posible que haya influido la transcripción inglesa habitual de muchos apellidos rusos, como los del histólogo «Kulchitsky» (en español Kulchitski, 1856-1925), el dermatólogo «Nikolsky» (en español Nikolski, 1858-1940) o el médico «Romanovsky» (en español Romanovski, 1861-1921).
Admitamos incluso, entre otras cosas porque es cierto, que la mayoría de los antropónimos de interés en medicina corresponden a médicos modernos cuyos nombres originales se escriben con el analfabeto latino, y deben conservar en castellano su grafía original. No debemos confundir, empero, la grafía original con la grafía habitual en inglés. Comentando en cierta ocasión el asunto de la escritura de los nombres geográficos3, he mencionado la contradicción de que muchos de quienes se niegan a escribir Nueva York o Edimburgo porque afirman dar preferencia a la grafía original, escriban a la inglesa «Malmoe», «Munich», «Tokyo» o «Taiwan». Pues igual sucede con los antropónimos; y es que, como he explicado recientemente4, los médicos de habla inglesa tienen a menudo problemas con los apellidos extranjeros, porque no suelen estar acostumbrados al uso de acentos, eñes, cedillas, diéresis y otros signos ortográficos inexistentes en inglés. Muy torpe o muy distraído tendría que ser un médico español que se enfrentara a las expresiones inglesas Maranon’s syndrome o Carrion’s disease para no darse cuenta de que hacen referencia al síndrome de Marañón (escoliosis, pies planos e insuficiencia ovárica) y la enfermedad de Carrión (barto-nelosis). Pero ¿quién es el guapo que no dudaría a la hora de traducir del inglés apellidos extranjeros como Angstrom (Ångström, apellido sueco), Roentgen (Röntgen, apellido alemán), Behcet (Behçet, apellido turco), Jansky (Jansky, apellido checo) o Meniere (Ménière, apellido francés)?
Así, sucede que los médicos de habla inglesa, y todos los demás a excepción de los polacos, suelen escribir de forma incorrecta el apellido del neurólogo francés Joseph François Félix Babinski (1857-1932). Aunque nacido en Francia, Babinski era hijo de exiliados polacos y conservó toda su vida, al igual que su hermano Henri, la grafía original del apellido paterno, como puede apreciarse por las firmas autógrafas que de él se conservan, siempre con n (letra polaca de pronunciación muy similar a la de nuestra ñ). En un artículo fácilmente accesible5 se reproduce la firma de una carta del propio Babinski fechada en junio de 1915, cuando el famoso neurólogo francopolaco contaba 58 años de edad.
Personalmente, siento un profundo malestar cada vez que veo escrito Maranon el apellido del gran médico humanista español, por lo que comprendo bien el enfado de los polacos cuando encuentran una y otra vez incorrectamente escrito el apellido Babinski. Bueno sería, me parece, que fuéramos acostumbrándonos a escribir los apellidos extranjeros modernos de médicos famosos con su grafía original, en lugar de aceptar servilmente su adaptación al inglés o al francés.

E-mail: fernando.navarro@roche.com

Bibliografía

1. Orden AO. ¿Qué Babinsky? Babinski. Medicina (Buenos Aires) 1999; 59: 119.
2. Navarro FA. Apellidos a la inglesa. Med Clín (Barc) 1999; 112: 316-7.
3. Navarro FA. ¿Deben traducirse los topónimos? Med Clín (Barc) 1997; 108: 156-7.
4. Navarro FA. Roentgen, Tourette, Angstrom, Bechterew, and other misspelled names. Lancet 1998; 351: 682.
5. Gasecki AP, Hachinski V. On the names of Babinski. Can J Neurol Sci 1996; 23: 76-9.

 

Evaluación clínica preoperatoria

Martín L. Sívori
Unidad de Neumotisiología. Hospital Ramos Mejía, Buenos Aires

Deseo expresar una serie de consideraciones adicionales a la publicación del artículo de los Dres. Gnocchi, Risso y Torn1. Debido a que las complicaciones pulmonares postoperatorias en cirugías abdominales y torácicas son las más frecuentes (según las series entre el 19 al 76%, dispersión debida a la diferente definición de complicación dada por los autores), el estudio de la función pulmonar debería predecir el riesgo operatorio neumonológico2, 3. Pero lamentablemente los estudios en este campo presentan errores metodológicos serios que relativizan sus conclusiones. A saber, muchos estudios datan de veinte o más años cuando el manejo operatorio anestésico y las técnicas quirúrgicas eran otras, diseños retrospectivos, número pequeño de pacientes y diferentes definiciones operativas. A pesar de ello, con los datos existentes se pueden realizar algunas consideraciones. El sitio de abordaje quirúrgico es determinante para esperar las complicaciones postopera-torias pulmonares: más frecuentes cuanto más cerca del diafragma es la incisión, y cuando está fuera del tórax y abdomen es rara su ocurrencia. La cirugía abdominal baja disminuye un 25-30% la capacidad vital y deteriora levemente el intercambio gaseoso (10-20%) especialmente en el primer día del postoperatorio. Por otra parte la cirugía abdominal superior disminuye un 50 a 60% la capacidad vital, con reducción del volumen corriente de 25% y un incremento en la frecuencia respiratoria de 20%. La presión parcial de oxígeno arterial disminuye 20-30% en las primeras 48 horas. Finalmente, las cirugías torácicas presentan alteraciones similares a las de la cirugía abdominal superior, pero por más tiempo. Otros factores a considerar son los efectos directos de la anestesia general y su duración, la obesidad, el tabaquismo, la edad como factor de riesgo asociado, enfermedades obstructivas crónicas como asma y la EPOC, el dolor postoperatorio (disminuye la tos), la posición supina (disminuye 10-20% los volúmenes pulmonares, especialmente de la capacidad residual funcional). La reducción de ella mayor al 40% provoca la aparición de atelectasias, al ubicarse el punto de reposo por debajo del volumen de cierre de la vía aérea3. Según el American College of Physicians y las revisiones de Zibrak y O’Donell las indicaciones de evaluación preoperatoria con espirometría en cirugía programadas son3, 5: 1) Cirugías torácicas (cualquiera sea su tipo: cardiovascular, pulmonar resectiva o no) cuando se ha detectado enfermedad pulmonar en el examen físico o antecedentes de tabaquismo, junto con la realización de gases en sangre arterial. Debido a las deficiencias en el diseño en los estudios en esta área, no se puede determinar que la espirometría sea más sensible que el examen físico y anamnesis para predecir morbilidad postquirúrgica. Para cirugías resectivas las evaluaciones de pacientes con función pulmonar alterada (volumen espiratorio forzado del primer segundo –FEV1– y la capacidad de difusión de monóxido de carbono menores al 80% del predicho) serán más exhaustivas con otros tipos de pruebas que escapan al objetivo de la presente consideración para determinar la resecabilidad de parénquima6; 2) Cirugías abdominales superiores si el paciente presenta antecedentes de tabaquismo, enfermedad respiratoria crónica obstructiva, u obesidad. Además la realización de gasometría arterial en aquéllos con disnea y antecedentes de tabaquismo; 3) Cirugías abdominales inferiores: debido a la poca información existente, si el paciente presenta los antecedentes del punto anterior, especialmente si el procedimiento va a ser prolongado; 4) Otro tipo de cirugías (ortopédicas, neuroquirúrgicas, de cabeza y cuello): no existe adecuada información para sugerir la realización de espirometrías en forma protocolizada3, 5. Se deberán esperar estudios de diseño adecuado con grupos control que tomen en cuenta los diferentes tipos de cirugías, para obtener conclusiones válidas sobre las indicaciones preoperatorias del examen funcional respiratorio.


Bibliografía

1. Gnocchi C, Risso J, Torn A. Evaluación clínica preopera-toria. Medicina (Buenos Aires) 1997; 57: 733-41.
2. Jackson C. Preoperative pulmonary evaluation. Arch Intern Med 1988; 148: 2120-7.
3. Zibrak J, O’Donell C. Indications for preoperative pulmonary function testing. Clin Chest Med 1993; 14: 227-36.
4. Zibrak J, O’Donell C, Marton K. Indications for pulmonary function testing. Ann Inn Med 1990; 112: 763-71.
5. American College of Physicians. Preoperative Pulmonary Function Testing. Ann Inn Med 1990, 112:793-4.
6. Bolliger C, Perruchoud A. Functional evaluation of the lung resection candidate. Eur Respir J 1998; 11: 198-212.

 

 

Neumonía por Legionella, un hecho infrecuente en Argentina ¿Diferente epidemiología o marcador del
subdesarrollo?

Carlos M. Luna
División Neumonología, Hospital de Clínicas José de San Martín, Universidad de Buenos Aires

En 1976 ocurrió un brote de neumonía entre 221 participantes de una convención de legionarios en Filadelfia, Estados Unidos. El descubrimiento y el reconocimiento retrospectivo en otros casos del agente causal (Legionella pneumophila) son un ejemplo de la aplicación del método científico en la investigación epidemiológica1.
La enfermedad de los legionarios es una neumonía, existe en los cinco continentes en que habita más del 99% de la población mundial. Es una de las causas principales de neumonía extrahospitalaria, especialmente la forma grave, y esporádicamente de neumonía intrahos-pitalaria. El contagio ocurre por aerosolización del agua donde vive y no por contacto con enfermos. El diagnóstico etiológico no es tan sencillo como el de otras neumonías. Requiere de cultivos especiales, pruebas seroló-gicas con cuadruplicación de títulos en la convalecencia (la positividad sólo en el primer suero > 1/256 indica diagnóstico probable y sirve en menos del 10% de los casos), pruebas de inmunofluorescencia directa en especímenes respiratorios, o detección de antígeno urinario, un método rápido de alta sensibilidad y especificidad2.
Se ha sostenido que no existe neumonía por Legionella en nuestro medio. En el Index Medicus no hay publicaciones sobre este tema en nuestro país, pocos casos han sido comunicados en congresos nacionales3, otros son anecdóticos. Las explicaciones de este hecho son variadas: es una afección muy prevalente en el área del Mediterráneo; requiere para su desarrollo de la presencia de Acantamoeba polyphagys, la cual no se encuentra en las aguas de nuestro país; su presencia está controlada por la cloración usada para potabilizar el agua en Argentina; no hay epidemias nosocomiales ya que no es frecuente el uso de aire acondicionado central en la mayoría de los hospitales, etc.
Una búsqueda bibliográfica usando Index Medicus o Medline, muestra que en otros países tampoco se publica acerca de Legionella. Entre ellos nuestros vecinos Uruguay, Paraguay, Perú y Bolivia, y otros como Colombia, Panamá, Venezuela, Ecuador, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, etc. Chile y Brasil son, con escasas publicaciones, una excepción. Dos de las siete publicaciones de Sudamérica son de Chile, y el resto de Brasil. En otras áreas al sur del ecuador como Africa, salvo Sudáfrica, la realidad es parecida (Tabla 1). Sin embargo, en naciones del sur del planeta con características en su economía, organización y desarrollo en el área de la salud propias de países desarrollados, como la mencionada Sudáfrica, Nueva Zelanda y Australia, la cantidad de publicaciones sobre Legionella es considerablemente mayor. En Asia, Japón cuenta con muchas publicaciones acerca del tema, pero eso no pasa en la India; escasas son las publicaciones en Europa del este (ex URSS), donde la situación económica es mala. Esto hace pensar en otras razones que expliquen esta arbitraria epidemiología. La extensa zona del mundo sin Legionella se caracteriza aparte por una notable pobreza en la economía, organización de la salud, educación e investigación. Estos lugares son más castigados por enfermedades infecciosas y aquí ocurren enfermedades controladas en el mundo desarrollado tales como tuberculosis, cólera, peste y aun fácilmente prevenibles como sarampión.
La UNESCO recomienda usar el 2% del producto bruto interno (PBI) en investigación y desarrollo. En Latinoamérica esa tasa era a principios de los 90 de 0,4% del PBI (mientras que en Estados Unidos y Japón era del 2,8%)4-6, la cantidad aplicada a investigación es muchísimo más baja. Por la falta de recursos no se pueden comprar o actualizar equipos y no se cuenta con oportunidades para dedicarse a la investigación.
En los países en vías de desarrollo la mayoría de los médicos, son indiferentes o relativizan su interés por la investigación. Esta actitud es parte de un problema complejo y entre sus causas la educación médica parece tener un papel prominente. Tal vez se enseñe que la investigación poco tiene que ver con la medicina y el cuidado de los pacientes.
Un sinnúmero de razones estimulan el desarrollo de un complejo de inferioridad, tomamos como válido sólo lo que leemos en publicaciones de Estados Unidos y Europa occidental. Esta inclinación permite la práctica de una medicina basada en evidencias científicas, pero nadie está interesado por investigar acerca de lo que pasa en nuestro medio con problemas tales como la epidemiología de las infecciones pulmonares. Es notable, ya que no obstante el pobre desarrollo de la investigación científica en los países no desarrollados, sus resultados interesan a científicos de todo el mundo.
La hipótesis de la rareza epidemiológica de la Legionella es válida y tan posible como otras. Su demostración, como la de cualquier otra especulación, requiere de la investigación mediante estudios sistemáticos con los métodos adecuados y sobre la población considerada, esto es algo aún pendiente en la Argentina. No hay evidencias que certifiquen que efectivamente no existe Legionella en el país, sí parece haber una correlación entre índices como el PBI, gasto en salud, inversión en investigación y la alfabetización en los diferentes países por un lado, y las referencias publicadas por el otro.
Importar un equipo para diagnóstico serológico o para la detección del antígeno urinario, poner en marcha la técnica del cultivo, conseguir una cepa de Legionella para poner a punto los métodos de diagnóstico resulta notablemente difícil y consume mucho tiempo. Es paradójico que esto suceda siendo hoy posible comprar cualquier cosa desde cualquier lugar del mundo por teléfono, FAX o computadora. La dificultad para conseguir estos necesarios elementos sugiere fuertemente que los mismos no se compran ni se usan.
En mi opinión, la correlación entre el bajo número de casos comunicados y la calidad de la atención médica y el poco interés por elevar el nivel de la educación y la investigación, deberían considerarse una explicación de esta nula incidencia de legionelosis hasta tanto se demuestre lo contrario. Así está en el campo de la investigación científica la medicina argentina, otrora merecedora de consideración internacional, ahora despoblada de investigadores talentosos que emigran en busca de mejores lugares para practicar su vocación. No existen señales de que en el futuro las políticas en asistencia, investigación y educación cambien de rumbo. Desde la medicina, la inserción en el mundo desarrollado en el que todos querríamos estar, necesita de una visión realista de nuestras carencias. Los médicos deberíamos tener un enfoque más inquisidor de los problemas y acercarnos a la investigación, que es la esencia de nuestra profesión.

Bibliografía

1. Fraser DW, Tsai TR, Orenstein W, Parkin WE, Beecham HJ, Sharrar RG, et al. Legionaries’ disease: description of an epidemic pneumonia. N Engl J Med 1977; 297: 1189-97.
2. Stout JE, Yu VL. Legionellosis. N Engl J Med 1997; 337: 682-7.
3. Battochia CI, Nadeo J. Legionellosis aguda, caso clínico. Libro de resúmenes XXV Congreso Argentino de Tisiología y Neumonología, 1995.
4 OECD main science and technology indicators. Paris: Organization for Economical and Cooperative Deve-lopment, 1994.
5. United Nations’ Education, Science and Cultural Orga-nization (UNESCO) Division of Statistics. Meeting of experts on the improvement of the coverage, reliability, concepts, definitions, and classification in the field of science and technology statistics. Paris: UNESCO, 1994.
6. United Nations’ Education, Science, and cultural Orga-nization (UNESCO). Informe mundial sobre la ciencia. París: UNESCO, 1996.

TABLA 1.– Número de publicaciones referidas en el Index Medicus sobre Legionella en distintos países y áreas de mundo, entre 1977 y 1997

Lugares con bajo número N° de Lugares con alto número N° de
de comunicaciones referencias de comunicaciones referencias

Argentina 0 Australia 80
Bolivia 0 Nueva Zelanda 15
Brasil 5 Japón 172
Colombia 0 República Sudafricana 15
Chile 2 Ex URSS 19
Ecuador 0 Estados Unidos 1450
Paraguay 0 Canadá 110
Perú 0 México 8
Uruguay 0 Alemania 400
Venezuela 0 España 120
India 0 Suecia 66
Africa (excepto Sudáfrica) 2 Italia 92
Cuba 0 Puerto Rico 25