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ELIMINACION
DE LA TRANSMISION VECTORIAL EN BRASIL
PROBLEMATICA DE LA ENFERMEDAD DE CHAGAS
Simposio internacional. Academia Nacional de Medicina.
Buenos Aires, 19-20 abril 1999
ELIMINACION DE LA
TRANSMISION VECTORIAL DE LA ENFERMEDAD DE CHAGAS EN BRASIL
ANTONIO C. SILVEIRA, MARCIO
COSTA VINHAES
OPS/OMS Representación del
Brasil y Fundación Nacional de Salud, Brasilia DF, Brasil
Traducido del portugués por el Dr. Daniel Manigot
Key words: Chagas disease, entomological vigilance, vector
control, Triatoma infestans
Resumen
El
control de la transmisión vectorial de la enfermedad de Chagas en el
Brasil fue sistematizado y estructurado en forma de programa de
alcance nacional a partir del año 1975, cuando instrumentamos, a
partir de las investigaciones entomológicas y sero-epidemiológicas,
normas que sirvieron para delimitar el área de riesgo de transmisión
vectorial en el país y orientar las intervenciones de control
químico en las poblaciones domiciliarias del vector. Los autores
presentan, aquí, los datos de base, recogidos a través de estas
investigaciones que son cotejadas con los datos actuales. La
evaluación revela la virtual interrupción de la transmisión de
Triatoma infestans y la posibilidad de transmisión, en niveles poco
importantes, con especies de vector nativas de diferentes áreas del
país. Se enfatiza la importancia de mantener acciones de vigilancia
entomológica con carácter permanente, con el objetivo de prevenir el
restablecimiento de la transmisión.
Abstract
Elimination
of vectorial transmission of Chagas disease in Brazil. The control of
vectorial trans- mission of Chagas disease in Brazil has been
systematized and structured into a national program since 1975 when
regulations were set up on the basis of entomological and
sero-epidemiological studies which permitted the delimitation of areas
at risk of vectorial transmission in the whole country as well as the
orientation of the chemical control of domiciliary vector populations.
The authors present the original data collected throughout the years
comparing them with the present data. The evaluation reveals a virtual
interruption of the transmission for Triatoma infestans and the
remaining possibility of transmission, at very low levels, for native
vector species in different areas of the country. It is emphasized
that it is important to maintain constant entomological vigilance in
order to prevent the reestablishment of transmission.
Dirección postal: Dr. Antonio C. Silveira, OPAS/OMS, Setor
de Embaixadas Norte, Lote 19, 70800-400 Brasilia DF, Brasil. Fax:
(55-61) 312-1922
Inicialmente, es necesario precisar lo que se entiende por
eliminación de la transmisión. El nivel de control de una enfermedad
depende de su vulnerabilidad al instrumental disponible, de la
tecnología existente, y de su epidemiología o del conocimiento que
se tenga al respecto. Hay enfermedades para las cuales se puede
pretender la completa erradicación, que significa la erradicación
definitiva de la transmisión.
Así fue en el caso de la viruela y se admite que pueda extenderse a
la poliomielitis, lo que fue a o será posible en función
básicamente de la potencia de los instrumentos utilizados. Hay
enfermedades en que la interrupción de la transmisión tiene que
buscarse para determinados espacios geográficos, bajo determinadas
condiciones epidemiológicas. Un ejemplo de esto es la malaria con
extensas áreas libres, hoy, de transmisión pero que persiste en
regiones en donde el patrón de transmisión es otro, con respuestas
menos favorables a las acciones de control que podrían llamarse
«estrictamente sanitarias». El concepto corriente es que esas son
enfermedades para las cuales se puede tener como meta la eliminación,
que correspondería a una interrupción de la transmisión con
carácter limitado o transitorio conllevando entonces, la posibilidad,
mayor o menor, de que la transmisión pueda restablecerse. La
eliminación exige entonces que las acciones o algunas acciones se
mantengan en el tiempo1.
Existen, por fin, otras enfermedades en que el nivel máximo del
control que se puede alcanzar, es la reducción de la transmisión, lo
que equivale a decir la reducción del riesgo de enfermar o morir.
La enfermedad de Chagas, desde que es primitivamente una enzootia, no
está ciertamente entre las «enfermedades erradicables». La
transmisión en el ambiente silvestre se mantendrá por la
transferencia del T. cruzi entre los reservorios y sectores en cotos
post-naturales, pudiendo incluso ocurrir la infección humana
accidental. La transmisión domiciliaria podrá también restablecerse
por la recolonización de casas, desde los focos selváticos, siempre
que se mantengan las condiciones para que esto ocurra. La enfermedad
de Chagas es, entonces, y como lo demuestran los resultados obtenidos
en la práctica, pasible de ser eliminadas, lo que es verdadero tanto
para la transmisión domiciliaria por vía del vector como para otros
mecanismos de transmisión.
Las acciones sobre el vector, a pesar que desde 1948 se tiene
comprobado el eficaz tratamiento químico domiciliario2, 3, 4 sólo
fueron sistematizadas en forma de programa de alcance nacional a
partir de 1975. Entre 1975 y 1980 fueron realizadas dos extensas
encuestas epidemiológicas en el país, que sirvieron para actualizar
la información que estaba disponible hasta entonces –fragmentada o
poco comparable porque fue producto de distintos estudios con
metodología y técnicas diferentes– y poder precisar mejor el área
con riesgo de transmisión vectorial.
La encuesta serológica que se realizó por muestra aleatoria en
localidades rurales de todos los municipios brasileros, a excepción
del estado de San Pablo, en donde se habían instituido acciones
regulares de control desde la década del 60, reveló una prevalencia
media de infección de 4.2%, con tasas máximas de 8.8% en los estados
de Mina Gerais y Rio Grande do Sul (Fig. 1)5. En algunos municipios,
la prevalencia fue superior al 50% y, en otros, especialmente en la
región amazó-nica, no hubo pacientes sero-reactivos.
La otra gran encuesta entomológica mostró 17 especies presentes en
el ambiente domiciliario, con captura más o menos frecuente,
colonizados o no en el domicilio con mayor o menor infección natural.
De estas 5 especies tendrían importancia en la vehiculización
directa de la enfermedad al hombre: Triatoma infestans, Panstrongylus
megistus, Triatoma brasiliensis, Triatoma pseudomaculata y Triatoma
sordida (Tabla 1 y Fig. 2).
A excepción de T. infestans, especie introducida en el país y
estrictamente domiciliaria, las demás son nativas de diferentes
regiones teniendo una división bastante clara de sus territorios.
Así, T. sordida se distribuye en la región centro-oeste y en aquella
parte del sudeste y nordeste donde predomina la vegetación
«cerrada». P. megistus se distribuye en el área más húmeda
próxima al literol con grado variable de domiciliaciones a lo largo
de matas galería, y T. brasiliensis y T. pseudo-maculata son especies
propias de la región semi-árida del nordeste.
El control químico de poblaciones domiciliarias del vector no
consideró, al comienzo, la especie introducida de afuera o nativa. La
metodología seguida fue la misma y las respuestas totalmente
diferentes. En el caso de T. infestans, el vector más importante y el
único completamente domiciliario entre aquellos epidemioló-gicamente
importantes, inmediatamente después de dos ciclos iniciales de
ataque, seleccionando localidades infectadas, hubo una reducción
dramática de la dispersión e infección domiciliaria. En relación a
los demás, a pesar de que una infección intradomiciliaria haya sido
controlada, los índices de dispersión no experimentaron ningún
cambio significativo7. Además, para las especies nativas, como era de
esperarse, la reinvasión y la recolonización de las casas se hacía
siempre al interrumpir el tratamiento químico periódico de las
habitaciones, en un tiempo variable, en función de la densidad del
vector en el ambiente silvestre, y de la mayor o menor receptividad de
la oferta existente alimentaria. En relación a la infección natural,
el trabajo continuo del tratamiento químico determinó casi siempre
un progresivo agotamiento.
Con todo eso, el T. infestans fue siendo eliminado y así,
lógicamente, la transmisión en las áreas en donde estaba presente;
por otro lado, la interrupción de la transmisión por otros vectores
dependía de una acción sustentada y continua de tratamiento químico
domiciliario. Una especie con un comportamiento bastante peculiar es
el P. megistus que, en la zona de matas en la región nordeste mostró
una respuesta similar a T. infestans, mientras que en otras áreas se
mantuvo silvestre; sólo hubo hallazgos ocasionales de ejemplares
adultos en habitaciones humanas.
Algunos datos que evidencian estas diferentes situaciones:
1. el área inicial de dispersión del T. infestans en el país
(1975/83) correspondía a 711 municipios en 12 estados y el área
actual (1997) comprende 105 municipios en 7 estados (nótese que
fueron muchos los municipios nuevos en este espacio de tiempo que
fueron liberados de la presencia del parásito (Fig. 3);
2. el número de ejemplares de T. infestans capturados en 1983, cuando
se concluyeron los relevamientos entomológicos preliminares, fueron
de 162.136 que correspondían a 13.5% del total de triatomíneos
capturados, considerando a todas las especies; y, en 1997, fueron
1.080 las especies de T. infestans identificadas lo que equivale al
0.5% de todos los ejemplares capturados;
3. la reducción que ocurrió en ese período del número de
ejemplares de T. infestans capturados fue del 99.3% (162.136/1.080);
en cuanto al T. sordida fue de 56.6% (189.260/81.970); para T.
brasiliensis de 44.4% (99.845/55.513) y T. pseudomaculata de 61.6%
(125.634/48.145) (es importante observar que las áreas con presencia
de T. infestans fueron siempre privilegiadas en función de la
prioridad conferida al control de la especie) (Tabla 2);
4. las poblaciones domiciliarias de P. megistus mostraron también una
dramática reducción; de 149.248 ejemplares capturados en 1983 por
apenas 4.104 ejemplares identificados en 1997, lo que equivale a una
disminución del 97.2% (Tabla 2);
5. T. infestans no es más hoy la especie predominante en ninguno de
los 18 estados en los que se mantiene operativos de control regulares.
Con estos resultados, y a partir de su análisis, era necesario
redefinir los objetivos, metas y también los indicadores para
intervenir en función de los diferentes comportamientos y atributos
de las especies del vector que intervienen en la transmisión.
Para T. infestans se pretende su completa eliminación lo que está
demostrado que es posible. Esto es indicador suficiente para cualquier
acción o para iniciar acción para el hallazgo de cualquier ejemplar,
en cualquier estado y de cualquier ecótopo artificial. Para las otras
especies, sólo la comprobación de la existencia de colonias
intradomiciliarias, determina que se realice el tratamiento de las
habitaciones. Así se puede mantener bajo control la transmisión,
reduciéndose la operación y espaciando los ciclos de rociamiento con
una relación costo-efectividad más ventajosa8. Además, destinar
recursos para proyectos de mejora habitacional, siempre con un alcance
limitado por sus costos, pasó a hacerse prioritariamente en
localidades con infección persistentes por especies nativas,
particularmente en áreas donde está presente el T. brasiliensis en
alta densidad, como es gran parte de la región nordeste. Se entiende
mejoría habitacional no sólo como medida de protección específica
en el control de la enfermedad de Chagas, sino también como medida de
mejorar las condiciones de vida de la población; la indicación se
encontraba también justificada en el hecho de que la habitación
rural era, en esa región, especialmente precaria.
El impacto que se produjo en la transmisión vectorial de la
enfermedad de Chagas en el país ha sido demostrado no sólo por los
indicadores entomológicos de uso rutinario que acompañan las
acciones de control, sino también por la ausencia de infección en
los grupos de individuos jóvenes, al menos en los casos producidos
por T. infestans. Las encuestas serológicas en la población escolar
de 7 a 14 años de edad, realizadas entre 1989 y 1997, con más de
225.000 muestras recogidas hasta el momento y procesadas en 842
municipios del país, revelan una prevalencia del orden del 0.14%
(Tabla 3). Los datos de morbilidad, o más exactamente de enfermedad
por infección chagásica, confirman esa tendencia.
En base a los registros de internación en la red pública y los
convenios de asistencia médica en la década del 90, el número de
casos con enfermedad de Chagas crónica atendidos fueron
paulatinamente disminuyendo cada año (Fig. 4) y especialmente fue
disminuyendo el número de casos agudos que se diagnostican
últimamente en aquellas áreas hiperendémicas que muestran el gran
impacto sobre la transmisión de la enfermedad en el país. Una medida
aún más tardía de la evaluación del control de vectorial serían
los dados por la mortalidad, en función del carácter crónico de la
enfermedad. Aún así, alguna repercusión ya puede percibirse sobre
los coeficientes específicos de mortalidad por enfermedad de Chagas
que se situaban en los años 80 a 82 por encima de 5 muertes/100.000
habitantes y que en años recientes es de orden de 3.5/100.000
habitantes (Fig. 5).
Es cierto que muchas otras variables pueden haber influido y tanto los
indicadores entomológicos como los serológicos y de morbilidad y
mortalidad, tales como cambios en el ambiente, una progresiva mayor
concentración de población en el medio urbano, cambios en la calidad
y precisión de los recursos diagnósticos y terapéuticos, pero
también es cierto que existe suficiente información para atribuir al
control vectorial el más importante cambio ocurrido. Y también, como
para pensar que se avanzó mucho en las últimas dos décadas en
dirección a la eliminación de la enfermedad de Chagas en el país.
Estos resultados y su demostración fueron decisivos para que otros
países del continente participen hoy de iniciativas conjuntas para
enfrentar el problema de la enfermedad de Chagas y aún con éxito
como es el caso de la subregión del Cono Sur.
La eliminación presupone que se mantengan algunas acciones que, en el
caso particular de la transmisión vectorial de la enfermedad de
Chagas, impidan la reinfección y recolonización de las casas por
parte de los vectores. Estas acciones deben ser permanentes, por lo
menos en tanto estén presentes las condiciones de riesgo; deben
sustentarse por acciones de vigilancia entomológica, preferentemente
con la participación de la población y de los servicios locales de
salud10, 11, 12.
Este es el actual desafío: dar sustentabilidad a los niveles de
controles logrados; mantener las acciones aún en ausencia de la
enfermedad y en ausencia del vector.
Bibliografía
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Rev Soc Bras Med Trop 1993; 26: 39-44.
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Vigilância Epidemiológica. Brasília: Ministério da Saúde 1994;
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.Presentado en el Simposio Internacional sobre Avancos do Conhecimento
da Doenca de Chagas 90 Anos Após sua Descoberta, Rio de Janeiro,
11-16 abril, 1999
Fig. 1.– Prevalencia de infección chagásica en Estados de riesgo
de transmisión vectorial, Brasil, 1980.
TABLA 1.– Relevamiento de tratomíneos. Brasil 1975/1983. Especies y
Positividad
Fig. 2.– Relevamiento de tratomíneos, principales especies
identificadas. Brasil 1975/83.
Fig. 3.– Area de dispersión de Triatoma infestans. Brasil, 1983/96.
TABLA 2.– Nº de ejemplares capturados de principales especies de
triatomíneos y % de reducción de capturas. Brasil 1983/1997
TABLA3. Encuesta serológica en escolares de 7 a 14 años. Brasil
1989/1997
Fig. 4.– Número de internaciones por Enfermedad de Chagas. Brasil
1990/1997.
Fig. 5.- Coeficiente de mortalidad especíica por enfermedad de Chagas
/100.000 habs. Brasil 1980/96.
«Dada la gran extensión de la endemia, la difusión del insecto
transmisor en vastas regiones del país, la infestación total de los
domicilios en las zonas rurales, sin duda este problema sanitario
ofrece dificultades prácticas, todas de orden económico.
Sin embargo, vinculado como está al desarrollo del trabajo, la
prosperidad de la agricultura, la ocupación del suelo, el
perfeccionamiento de la raza de nuestras planicies; vinculado también
a los deberes de la humanidad y de la civilización, al orgullo de un
pueblo, a la grandeza moral de una nacionalidad, ciertamente no
faltará la energía necesaria para enfrentarlo un día de manera
decisiva, para resolverlo de modo provechoso»
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